Los filtros solares que se incorporan en los cosméticos fotoprotectores son moléculas que impiden que la radiación ultravioleta llegue a ser absorbida por nuestra piel. Sin embargo el concepto de fotoprotección está ampliándose, y se están empezando a incluir también sustancias antioxidantes, que administradas por vía oral o tópica, fortalecen los sistemas antioxidantes naturales y previenen del daño oxidativo generado por las radiaciones ultravioletas.

El grado de protección de las cremas solares viene dado por una cifra que indica el “Factor de Protección Solar (FPS)”, que todos conocemos. Este número se calcula en función de la capacidad que tiene el producto para prevenir el eritema ó enrojecimiento de la piel, y sirve para medir la protección que proporcionan ante la radiación ultravioleta B (UVB), que es una radiación muy energética que provoca que nos pongamos rojos y nos quememos la piel. Sin embargo, a la superficie terrestre la mayoría de la radiación que llega pertenece al Ultravioleta A (UVA). Son radiaciones menos energéticas, no provocan eritema, pero son muy peligrosas porque penetran hasta zonas profundas de la dermis y provocan cambios en las células, en su ADN, alteraciones inmunológicas que hacen que las células tengan menos capacidad de defensa, y aumento de los temidos Radicales Libres. Todos estos daños se engloban en lo que se llama “estrés oxidativo”, y puede ser el origen de numerosos problemas como inflamación, alergias al sol, envejecimiento, y cáncer cutáneo.

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Para compensar estos daños oxidativos la tendencia actual es combinar los filtros físicos o químicos tradicionales con extractos vegetales o vitaminas con capacidad antioxidante. Estos ingredientes antioxidantes son los llamados Filtros Biológicos. Los antioxidantes actúan frenando o reparando procesos oxidativos generados básicamente por la radiación UVA. No bloquean los rayos UVB y por tanto no van a impedir la aparición del eritema solar, pero se pueden considerar fotoprotectores porque son capaces de prevenir el daño cutáneo inducido por la radiación ultravioleta y proteger la piel de estos procesos donde los fotoprotectores  clásicos con FPS elevados no pueden actuar. Su importancia se hace aún mayor si tenemos en cuenta que la cantidad de UVA que recibimos es 10 veces mayor que la radiación UVB.

Entre las numerosas sustancias antioxidantes con efecto fotoprotector podemos citar:

    • La Vitamina E y la Vitamina C. Ambas tienen un efecto sinérgico, es decir, su efecto antioxidante es mayor cuando las dos están juntas. Se ha demostrado que esta combinación, aplicada de forma repetida después de la exposición a radiación lumínica, retrasa la aparición del eritema hasta un 26 %.
    • El Té Verde, por su contenido en Polifenoles. Su capacidad fotoprotectora ha sido demostrada por ser capaz de retrasar el eritema cutáneo tras la radiación UVB, y por su capacidad de inhibir la formación de tumores.
    • Polypodium leucotomos: Su administración oral o tópica posee importantes acciones antioxidantes, antiinflamatorias, inmunosupresoras y fotoprotectoras. Tiene un efecto preventivo frente al eritema, disminuye la quemadura solar y previene lesiones en el ADN. Además protege a las células de la piel frente al daño inmunológico por radiación UV.
    • El granado (Púnica granatum), por su contenido en polifenoles, tiene una actividad antioxidante importante, protege a la piel del estrés oxidativo inducido por la radiación UVA, y además tiene actividad antiinflamatoria.
    • Resveratrol: se encuentra en la Vitis vinífera o uva. Sus principales compuestos activos se encuentran en las semillas y la piel de uva. Tiene importantes propiedades antioxidantes y su efecto protector ha quedado demostrado por su capacidad para prevenir el eritema solar. En la actualidad está siendo ampliamente utilizado por sus efectos sobre el envejecimiento.
    • Apigenina: se encuentra en muchas hojas y flores de plantas vasculares comestibles (endibias, tomates, cebollas, manzanas), en algunas bebidas vegetales como la infusión de té o el vino, en los extractos de Manzanilla, Tomillo ó Caléndula. Se han publicado trabajos que demuestran su capacidad para prevenir por vía tópica, administrado antes de la irradiación UV, la formación de tumores en la piel de ratones.
    • Silimarina: se encuentra en el cardo mariano. Su potente actividad antioxidante la convierten en un ingrediente importante en fórmulas protectoras y antienvejecimiento. Es capaz de reducir muchos de los daños que la radiación ultravioleta produce en la piel, incluído el riesgo de carcinogénesis.

Las tendencias en dermocosmética van hacia la combinación de estos filtros biológicos con los tradicionales filtros químicos o físicos en una misma formulación, complementando sus acciones y ofreciendo así una fotoprotección mas completa.

Tú puedes conseguirlo simplemente aplicándote antes del fotoprotector una crema rica en antioxidantes vegetales, y aplicándotela de nuevo por la noche después de la exposición solar para reparar el daño oxidativo que la radiación solar haya podido causar en tu piel. .

Isabel Fernández. Máyikas

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